
Con esta entrada termino la serie de Angkor.
Y la termino en la Puerta Sur de Angkor Thom, uno de esos lugares que durante la visita puede parecer simplemente un acceso y que, al revisar después las fotografías, acaba explicando buena parte de lo que hemos visto.La calzada cruza el foso entre dos largas filas de figuras. A un lado los devas, al otro los asuras; 54 en cada grupo, sujetando la gran naga y representando el Batido del Océano de Leche. Al fondo, la puerta monumental de Angkor Thom, de unos 23 metros de altura, introduce la ciudad levantada por Jayavarman VII a finales del siglo XII.
Después de nueve entradas caminando entre templos, patios, galerías, terrazas y ruinas, quizá aquí se entiende mejor algo que las fotografías aisladas no terminan de transmitir: Angkor no es un templo ni una colección de templos. Es un territorio construido durante siglos, con ciudades, recintos, ejes, fosos, palacios, santuarios y accesos concebidos a una escala difícil de asimilar durante una primera visita.
De cerca desaparece parte de la grandiosidad y vuelve la piedra.
Bloques desplazados, líquenes, esculturas incompletas, restauraciones y siglos de erosión. La enorme naga que cierra la balaustrada conserva suficiente presencia para entender el conjunto, aunque prácticamente ninguna pieza haya llegado intacta hasta nosotros.
Ha sido una constante durante todo el recorrido: Angkor sigue siendo monumental incluso cuando muestra abiertamente sus heridas.
Y también está la escala humana.
La había buscado varias veces durante estas entradas porque las dimensiones de Angkor engañan con facilidad en fotografía. Aquí vuelve a ocurrir. Solo cuando aparece una persona junto a las figuras de piedra se recupera la dimensión real de la calzada, de las esculturas y de la propia puerta.
Es un buen punto para mirar hacia atrás.
Empezamos esta serie entrando en Angkor Wat por el este, evitando deliberadamente su imagen más conocida. Angkor [01] — Angkor Wat: entrada este Después fuimos acercándonos, atravesándolo y descubriendo el edificio desde dentro hasta terminar, cuatro entradas después, frente a la fachada occidental y los estanques donde por fin apareció la postal que todos reconocemos. Angkor [04] — Angkor Wat: vista oeste
Después llegó Ta Prohm, con una relación completamente distinta entre arquitectura, ruina y vegetación. Angkor [05] — Ta Phrom Y desde allí entramos en Angkor Thom: primero la Plaza Real, después Phimeanakas, Baphuon y finalmente Bayon, quizá el punto de mayor intensidad visual de todo este tramo del viaje. Angkor [06] — La Plaza Real de Angkor Thom Angkor [08] — Baphuon Angkor [09] — Bayon, el templo de los rostros
Visto ahora seguido, el recorrido tiene bastante más sentido del que parecía tener mientras lo hacíamos.
Y todavía quedaba una última parada: Baksei Chamkrong
Cerca de la Puerta Sur, casi escondido entre los árboles, aparece Baksei Chamkrong.
Después de Bayon y de la monumental entrada de Angkor Thom, sus dimensiones resultan contenidas. También pertenece a otro momento de la historia. Es un pequeño templo hinduista dedicado a Shiva, construido en las primeras décadas del siglo X, más de dos siglos antes que buena parte del Angkor Thom que acabamos de recorrer. La Autoridad Nacional APSARA lo sitúa en el reinado de Harshavarman I y señala su posterior intervención bajo Rajendravarman II.
Su estructura se entiende casi de inmediato: basamento piramidal, una escalera muy pronunciada y un único santuario elevado sobre la plataforma.
Pero guarda un detalle extraordinario. En el año 948, Rajendravarman hizo grabar en sus jambas una inscripción en sánscrito que recoge la sucesión de los reyes jemeres y fija incluso el momento de la consagración: miércoles 23 de febrero, a las 9:40 de la mañana.
No se me ocurre un sitio mucho mejor para terminar.
La serie comenzó con uno de los edificios más extraordinarios de Angkor y termina ante un templo pequeño, rodeado de árboles, que fácilmente podría pasar inadvertido. Entre ambos han aparecido casi todas las caras de este lugar: la precisión de Angkor Wat, las raíces de Ta Prohm, la ciudad real, las pirámides, las terrazas, los rostros de Bayon y las largas filas de piedra de la Puerta Sur.
Diez entradas después, sigo teniendo la misma sensación que escribí al recorrer el interior de Angkor Wat: resulta difícil abarcarlo. Angkor [03] — Angkor Wat: dentro
Ahora, al menos, las fotografías empiezan a poner cierto orden en el recuerdo.
Y hasta aquí, Angkor.


