domingo, 13 de septiembre de 2026

Angkor [08] — Baphuon

 

Desde Phimeanakas continuamos hacia el sur, saliendo del recinto del antiguo Palacio Real.

Durante unos minutos el recorrido vuelve a cerrarse entre vegetación, pequeños muros y puertas cubiertas de musgo. El Baphuon todavía no aparece, aunque está prácticamente al lado.

Y entonces el bosque se abre.

El cambio de escala es considerable.

El Baphuon fue uno de los grandes templos de Estado de Angkor antes de que existiera la ciudad de Angkor Thom tal como la conocemos hoy. La atribución tradicional, que mantiene la autoridad APSARA, sitúa su construcción a mediados del siglo XI durante el reinado de Udayadityavarman II, como templo hinduista dedicado a Shiva. 

Es un auténtico templo-montaña: una enorme pirámide artificial organizada en tres grandes niveles, de unos 35 metros de altura, sobre la que originalmente se levantaba además el santuario superior. 


Desde un lateral se entiende mejor hasta qué punto el edificio emerge del terreno.

Galerías y plataformas se superponen mientras el bosque vuelve a rodearlo. Si Phimeanakas parecía casi escondido dentro del antiguo Palacio Real, aquí la arquitectura recupera una presencia mucho más masiva.

Al rodearlo aparece además su extraordinaria complejidad constructiva.

Muros, galerías y terrazas se acumulan hasta hacer difícil distinguir dónde termina una planta y comienza la siguiente.

Y esa complejidad tuvo consecuencias.

El enorme peso del edificio sobre un terreno poco adecuado provocó problemas estructurales desde antiguo. A comienzos del siglo XX, buena parte del Baphuon amenazaba ya con desplomarse. 


Esta fotografía de bloques dispersos cobra entonces otro significado.

En la década de 1960 comenzó una restauración radical mediante anastilosis: desmontar el monumento piedra a piedra, reforzar su estructura y reconstruir después cada elemento en su posición original.

Se numeraron y distribuyeron alrededor del templo aproximadamente 300.000 bloques.

La guerra interrumpió los trabajos en 1970.

Y buena parte de la documentación necesaria para saber dónde debía regresar cada piedra desapareció durante los años del Khmer Rouge. Autoridad Apsara

El Baphuon se había convertido literalmente en un enorme rompecabezas arqueológico.


Los trabajos se reanudaron en los años noventa bajo la dirección de la École française d'Extrême-Orient.

Reconstruir el edificio exigió identificar y volver a colocar miles de piezas cuya posición original ya no estaba documentada. El proyecto terminó convirtiéndose en una de las restauraciones más complejas realizadas en Angkor y concluyó en 2011. 

Las escaleras actuales permiten apreciar muy bien la pendiente de las terrazas y la dimensión vertical del monumento.

Y también aparecen algunos habitantes menos interesados en la arqueología.


Los macacos ocupan con absoluta naturalidad plataformas, cornisas y piedras del templo.

Algunos parecen incluso haber elegido los mejores lugares desde los que observar el movimiento de visitantes.

No convertiría los monos en un bloque anecdótico demasiado grande, pero estas dos fotografías funcionan juntas: interrumpen la sucesión de arquitectura sin romper el recorrido.

La entrada oriental


Antes de alcanzar la pirámide hay que atravesar sus estructuras de acceso.

Aquí vemos una de las gopuras del eje oriental. La arquitectura va preparando progresivamente la llegada al templo principal: puerta, calzada, otro acceso y finalmente la enorme pirámide.

La presencia de los monjes introduce además algo que a veces se pierde al contemplar Angkor únicamente como yacimiento arqueológico: estos lugares continúan manteniendo una dimensión religiosa.

Esta es la composición que explica todo el conjunto.

Una larga calzada de piedra conduce en línea recta hacia el Baphuon. Buena parte de ella está elevada sobre pequeñas columnas y atraviesa el espacio abierto situado ante el templo.

Desde aquí la arquitectura deja pocas dudas sobre la dirección que debemos seguir.


Aunque no siempre somos los únicos interesados en ese eje.

Durante la visita encontramos una sesión fotográfica de boda ocupando la calzada.

La fotografía me parece interesante para el blog precisamente porque rompe el registro arqueológico: ocho siglos después, el gran eje monumental continúa funcionando como escenario.


Y, algunos metros más allá, continúa la otra vida cotidiana del Baphuon.

Subir el Baphuon


Al aproximarnos a la parte superior cambia la relación con el paisaje.

El edificio deja de percibirse como una masa frontal y empezamos a mirar desde él hacia el exterior. Entre las puertas, los árboles y los estanques aparecen fragmentos del templo que acabamos de recorrer.

Pero la historia del edificio todavía guarda una última transformación.

Aunque había nacido como templo dedicado a Shiva, siglos después el Baphuon fue adaptado al budismo. En torno al siglo XVI se construyó sobre su fachada occidental un gigantesco Buda reclinado, de aproximadamente nueve metros de altura y unos setenta metros de longitud, reutilizando para ello piedras del propio monumento. 

La restauración contemporánea tuvo que conservar, por tanto, dos edificios superpuestos en el tiempo: el gran templo-montaña hinduista del siglo XI y la transformación budista realizada varios siglos después.

Quizá ahí esté lo más interesante del Baphuon.

No estamos viendo únicamente una ruina reconstruida.

Estamos viendo un edificio que fue construido, deformado por su propio peso, parcialmente desmantelado, transformado religiosamente, desmontado de nuevo por los arqueólogos y finalmente reconstruido piedra a piedra.

Y después de todo eso, sigue en pie.