Detrás de la Terraza de los Elefantes y ya dentro del antiguo recinto del Palacio Real aparece Phimeanakas, literalmente el «palacio celestial».
Es un templo-montaña hindú levantado sobre tres terrazas escalonadas, con empinadas escaleras en sus cuatro lados. Su datación no es completamente sencilla: la información más reciente de APSARA sitúa el inicio de su construcción a finales del siglo X, bajo Rajendravarman II, y su finalización a comienzos del XI durante el reinado de Suryavarman I. Arquitectónicamente pertenece al denominado estilo Khleang. Autoridad ApsaraLa gran escalera central marca la subida hacia la plataforma superior. Hoy queda muy poco de la construcción que la coronaba, pero el diplomático chino Zhou Daguan, que visitó Angkor a finales del siglo XIII, describió aquí una torre que habría estado revestida o rematada en oro.
Desde un lateral se aprecia mucho mejor el carácter de templo-montaña: una masa compacta de laterita y arenisca que asciende mediante sucesivas terrazas.
Phimeanakas estaba además ligado a una de las leyendas más singulares de la monarquía jemer. Zhou Daguan recogió la tradición según la cual una naga de nueve cabezas habitaba la torre superior y adoptaba cada noche forma de mujer. El rey debía encontrarse con ella antes de regresar con sus esposas; faltar a aquel encuentro presagiaba desgracias para el soberano o para el reino.
Hoy queda la pirámide, las escaleras y parte de las estructuras superiores.
Después de la monumental fachada pública de la Plaza Real, Phimeanakas nos lleva al otro lado: al interior del recinto del Palacio Real y a un espacio directamente relacionado con la figura del rey.
Desde un lateral se aprecia mucho mejor el carácter de templo-montaña: una masa compacta de laterita y arenisca que asciende mediante sucesivas terrazas.
Phimeanakas estaba además ligado a una de las leyendas más singulares de la monarquía jemer. Zhou Daguan recogió la tradición según la cual una naga de nueve cabezas habitaba la torre superior y adoptaba cada noche forma de mujer. El rey debía encontrarse con ella antes de regresar con sus esposas; faltar a aquel encuentro presagiaba desgracias para el soberano o para el reino.
Hoy queda la pirámide, las escaleras y parte de las estructuras superiores.
Después de la monumental fachada pública de la Plaza Real, Phimeanakas nos lleva al otro lado: al interior del recinto del Palacio Real y a un espacio directamente relacionado con la figura del rey.




