
Aquí la percepción cambia. El templo deja de insinuarse y pasa a imponerse por proporción, ritmo y masa. La sucesión de galerías, torres y planos de piedra empieza a ordenar la mirada, aunque todavía cuesta comprender la dimensión completa del conjunto.
Superada la primera aproximación entre árboles y construcciones menores, Angkor Wat comienza por fin a mostrarse con toda su escala desde la fachada este.
Quizá esa sea una de las grandes virtudes de este acceso: incluso cuando Angkor Wat ya está delante de nosotros, conserva todavía parte de su misterio. La imagen es más frontal, más monumental, pero no termina de entregarse de una sola vez.


