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domingo, 1 de septiembre de 2019

Ciudad Prohibida

Leona guardiana ante la Puerta de la Suprema Armonía.

A pesar de las intensas conversaciones diplomáticas entre la Embajada Española y las más altas autoridades políticas chinas, finalmente no fue posible cerrar la Ciudad Prohibida al público durante nuestra visita. Este desafortunado contratiempo nos permitió sin embargo conocer a una buena parte de los 1.500 millones de chinos, que parecieron querer acudir al recinto palaciego para darnos una calurosa y sentida bienvenida ... a empujones.


La Ciudad Prohibida, con 72.000 metros cuadrados (un rectángulo de 961m x 753m), 980 edificios y 9.999 míticas estancias (parece ser que alguna menos), era el antiguo corazón de la ciudad amurallada de Beijing. Desde el punto de vista urbanístico, su huella condiciona el corazón de la actual Beijing, amplificada por la anexa Plaza de Tiananmen, con la que linda al sur. Fue construida entre el 1406 y el 1420 por el emperador Yongle y, como no podría ser de otra forma, está declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1987.



El conjunto palaciego de la Ciudad Prohibida está rodeado por un foso (con agua) y una muralla de casi 8 metros de altura. Entrando por su eje norte-sur (nosotros lo hicimos por la puerta sur, desde la Plaza de Tiananmen), nos vamos encontrando una sucesión de puertas y espacios de grandes dimensiones e imperial solemnidad. Por desgracia, la avalancha de visitantes (mayoritariamente locales) dificulta el disfrute de la ubicación. De hecho, dificulta cruzar las puertas; dificulta encontrar las muy necesarias sombra disponibles para descansar; dificulta hasta respirar; ... pero sobre todo dificulta hacer una sola fotografía dónde no aparezca un turista.


Después de atravesar la Puerta Sur se accede a un amplio patio/plaza recorrido por un río/foso interior (el Río de Agua Dorada) que se franquea cruzando cualquiera de los cinco puentes en paralelo dispuestos para ello. En mi opinión, gracias precisamente a los puentes, uno de los espacios más bellos y complejos del entramado. Al fondo del patio se divisa la Puerta de la Suprema Armonía.


Puerta de la Suprema Armonía vista desde la Puerta Sur, con los puentes en primer término.
Detalle de uno de los puentes con vistas a los pabellones laterales de la primera plaza.
Una escalinata nos acerca a la Puerta de la Suprema Armonía, después de cruzar uno de los puentes.

Al franquear la Puerta de la Suprema Armonía se tiene acceso visual a un patio aun más amplio, al final del cual se encuentra, sobre un complejo montículo de escalinatas, el Salón de la Suprema Armonía. La plaza, diáfana a diferencia de la anterior, es más basta y, de algún modo, relativiza el tamaño de los edificios a los que nos acercamos progresivamente.


Salón de la Suprema Armonía visto desde el eje central de la puerta de la puerta homónima.
Salón de la Suprema Armonía desde la base de la rampa y escaleras anexas que dan acceso.

Adentrándonos más en el complejo palaciego llegamos al Palacio de la Pureza Celestial, un bello y proporcionado edificio de dos aleros, edificado sobre una contundente terraza de mármol de un solo nivel. Casi colindante con este, el Salón de la Unión tiene una llamativa configuración de planta cuadrara y cubierta piramidal; el salón acoge sellos imperiales y objetos ceremoniales.


Palacio de la Pureza Celestial.
Trono del Palacio de la Pureza Celestial.
Salón de la Unión, colindante con el Palacio de la Pureza Celestial.
Conjunto de salones y palacios aledaños.
Los aleros de los tejados decorados por hileras de figuras encabezadas por un hombre a lomos de un fénix.
Salida por el norte, a través de la Puerta de la Divina Armonía.
Un último vistazo a la Torre de la esquina Noreste, detrás de la muralla y del foso. Y con la Beijing moderna de fondo.






viernes, 30 de agosto de 2019

Palacio de Verano de Beijing

Palacio de Verano de Beijing, con el lago Kunming en primer plano.

Meses (demasiados) más tarde, aquí estamos, de vuelta, retomando algo que empecé, por estas mismas fechas, hace ya ocho años: combinar fotografías y palabras para explicar historias en el vacío. Lo cierto es que si algo te acompaña por años le acabas cogiendo cariño. Ocho años son muchos: 567 entradas y probablemente dos o tres mil fotografías dan cuenta de una actividad que, en épocas, llegó a ser incluso frenética.
Empiezo hoy la serie que recoge nuestro reciente viaje a China y al Tibet. Estará estructurado secuencialmente entorno a una página índice que incluirá un mapa, la serie temporal y fotografías índice, de la misma manera que quedó organizado el viaje a Japón.




El Palacio de Verano (de Beijing) es un monumento a la arquitectura y al paisajismo clásicos en China. Combina la grandeza propia de un jardín imperial con la voluntad mimética natural de la arquitectura china: la obra humana y la obra natural, juntas, en armonía.

El Palacio de Verano de Beijing es un escenario de gran belleza, dominado por la colina de la longevidad y el lago Kunming. El conjunto tiene una extensión de más de 300 hectáreas, con tres cuartas partes de esta superficie cubiertas por el agua. El conjunto tiene 70.000 m2 de construcciones compuesta por palacios, pagodas y otras estructuras arquitectónicas antiguas.
El palacio es considerado desde 1998 como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, quien destaca en sus notas precisamente la capacidad del palacio para reunir en armonía naturaleza y arquitectura; así como por haber servido de referencia para el desarrollo de otros jardines en occidente; y por resultar, en definitiva, un símbolo de una de las civilizaciones más importantes del mundo.


El Palacio de Verano fue originalmente construido en 1750 por el emperador Qianlong; y quedó completamente destruido por las tropas franco-británicas en 1860. El gobierno de la dinastía Qing lo comenzó a restaurar en 1886 desviando fondos originalmente destinados a la Armada imperial. En 1888 el palacio recibió su nombre actual: Jardín de la Salud y la Armonía.
En 1900 el recinto volvió a sufrir importantes daños causado por las tropas de la Alianza de las Ocho Naciones, que invadió territorio de China con el pretexto de derrotar al levantamiento de los Boxers. Dos años más tarde, en 1902, los daños fueron de nuevo reparados.
Desde la fundación de la República Popular China, el palacio ha sido objeto de sucesivas renovaciones y restauraciones.

Alguno de los elementos más destacables serían el Gran Corredor, una galería techada, decorada con 14.000 pinturas, de casi 750 metros de longitud que discurre a orillas del lago; el Barco de Mármol, un pabellón anexo al muelle destinado a la celebración de fiestas; o el bello Puente de los Diecisiete Arcos.



Esculturas del Qilin en el Palacio de Verano de Beijing.

Un Qilin es un ser mitológico chino con cabeza de dragón, cola de león, piel de pez, pezuñas y cuernos de ciervo que protege del fuego.

Incensarios de bronce del Dragón (Emperador) y Fénix (Emperatriz).
Pabellón de la Benevolencia y la Longevidad, Palacio de Verano de Beijing.
La Torre o Pabellón Wenchang al lado de un mar de nenúfares.

Colina de la Longevidad, con la Torre Budista del Incienso y el Templo del Mar de la Sabiduría.
Detalle de la Torre Budista del Incienso.
Vista sobre el lago Kunming de la colina de la Cascada de Jade con la Pagoda del Pico de Jade.
El Gran Corredor.


Leona de Fu, leona de Buda o Leona China ...
... es una leona, porque tiene una cría bajo su zarpa. Si fuera un león, tendría un orbe.
Barco de Mármol.
Un paifang decorado (una puerta china) da acceso a uno de los muchos y bellos puentes.



Las china-guiris.