
Después de cerrar el recorrido por Angkor Wat frente a su fachada occidental, cambiamos de templo y también de escala.
Ta Prohm tiene una presencia completamente distinta. La arquitectura continúa siendo monumental, pero aquí cuesta separarla del bosque. Los árboles aparecen entre los muros, el musgo cubre la piedra y algunas raíces han crecido directamente sobre galerías y puertas.
El antiguo Rajavihara, o monasterio real, fue consagrado en 1186 durante el reinado de Jayavarman VII y dedicado a su madre. Es además uno de los lugares de Angkor donde se tomó deliberadamente la decisión de conservar parte de la imagen de ruina invadida por la vegetación que encontraron los primeros restauradores, aunque actualmente existen importantes trabajos de consolidación y conservación.
La primera impresión ya contiene casi todos los elementos que se repetirán durante la visita. Piedra oscurecida, relieves, vegetación y una arquitectura cuya geometría empieza a perderse entre los árboles.
Con una persona delante aparece la verdadera escala. Lo que desde lejos parecía un pequeño pabellón se convierte en una fachada larga y densamente trabajada, parcialmente descompuesta y cubierta de musgo.
Aquí Ta Prohm empieza a pedir otra forma de mirar.
Porque bajo la imagen espectacular de las ruinas continúa existiendo una arquitectura enormemente detallada. Los muros conservan relieves, figuras y sucesivas bandas decorativas. La erosión ha eliminado partes, pero en otras la talla sigue siendo extraordinariamente legible.
Hay que acercarse y, muchas veces, levantar la mirada. La piedra cambia continuamente de textura y de color según la humedad, el liquen y la luz que consigue atravesar la vegetación.
Después entramos.
Los interiores son bastante más oscuros. Columnas y puertas se suceden dentro de espacios estrechos y la luz exterior aparece fragmentada al fondo de cada sala.
Las puertas encadenadas producen perspectivas muy largas. Desde determinados puntos parece posible atravesar varias estancias siguiendo un único eje, aunque el recorrido real pronto obliga a girar, retroceder o buscar otro paso.
Y en ocasiones el paso sencillamente ha desaparecido.
Bloques enteros de piedra ocupan antiguos corredores. Los derrumbes permiten entender algo que desde el exterior puede pasar inadvertido: el enorme peso de aquellas cubiertas y el equilibrio que todavía mantiene buena parte del edificio.
En otros puntos, la desaparición de la cubierta abre el edificio hacia arriba. El bosque reaparece entonces desde el interior del propio templo.
Salimos de nuevo a los patios.
Galerías, escaleras y pórticos recuperan durante unos metros una geometría mucho más reconocible.
Pero incluso aquí permanece esa sensación de arquitectura incompleta.
Ta Prohm tampoco es hoy una ruina abandonada. Pasarelas, recorridos delimitados, apeos y trabajos de restauración permiten visitar un conjunto cuya estabilidad requiere una intervención continua. La imagen aparentemente espontánea del templo absorbido por el bosque está, en parte, cuidadosamente conservada.
Los bloques acumulados junto a los muros muestran bien esa condición. Algunos conservan molduras y relieves y permiten reconocer inmediatamente la parte del edificio a la que pertenecieron. Otros forman ya parte del paisaje del templo.
Y entonces los árboles empiezan a tomar definitivamente el protagonismo.
Primero aparecen integrados en la arquitectura, creciendo entre patios y galerías.
Unos metros después cambia la escala.

Las raíces descienden desde lo alto del muro y se reparten sobre la fábrica de piedra. Algunas tienen ya dimensiones comparables a las propias piezas del templo.
Aquí la relación se hace monumental. El árbol nace literalmente sobre el edificio y sus raíces atraviesan la parte superior de la galería antes de buscar el terreno.
Es seguramente una de las imágenes que mejor explica por qué Ta Prohm permanece en la memoria después de haber visitado tantos templos en Angkor.
Y todavía queda la referencia inevitable.
Ta Prohm fue una de las localizaciones de Lara Croft: Tomb Raider, la película de 2001 protagonizada por Angelina Jolie. Varias escenas se rodaron realmente aquí. Una de las más reconocibles muestra a Lara frente a uno de los accesos cubiertos por raíces antes de recoger una flor de jazmín y desaparecer hacia el interior. La película convirtió esta asociación entre árboles y ruinas en una de las imágenes más conocidas de Ta Prohm.












