sábado, 11 de abril de 2020

Viejo Bund y Jardín Yu




Entramos por la zona más popular del Bund, desde el parque Gucheng, atravesando las callejuelas, hasta Fangbang; y desde ésta, hasta la vieja calle de Shnaghai. Una absoluta mezcla desordenada, atractiva, desconcertante. Una mezcla de todo. Sin más interés que seguir viviendo.
Me hizo pensar en aquella campaña de "Barcelona, ponte guapa" del año 1985 (el título arrastra una indisimulable carga machista). Frente al maquillaje, el carmín, la depilación a la cera que experimentó una ciudad, que intentó la sanación de fuera hacia dentro, estas zonas de Shanghai son la reivindicación del vello axilar: liberador, empoderante, ... del yo me lo guiso y yo me lo como. Del sálvese quien pueda.
No hay ni vocación de orden, ni intento de concierto. Conviven lo nuevo con lo viejo y se superponen sin remedio. Cableado, señalización, normativa municipal, salubridad pública, seguridad, ...

Lo cruel del caso es que cuando interviene la autoridad, la modernidad y el auspicio del turismo el resultado indefectible es una homogeneidad aburrida e insípida: un alienante, pero salubre decorado de cartón-piedra. Y cuando no es el caso, la autenticidad revienta sin orden ni decoro.
Al final, no sabe uno lo que prefiere: si poder llevar a su hija de 5 años, de pié y sin casco, en un scooter eléctrico sin matrícula y esputando a voluntad; o que te multen por mirar mal a alguien.
Son los extremos irreconciliables de un progreso invasivo y necesariamente mal entendido.
         







Y acto seguido, si solución de continuidad, se entra en el centro comercial Yuyuan ... y regresamos al acogedor cartón piedra por la vía directa, ... y si pasar por la casilla de salida, como en el Monopoly comunista, tan eficientemente adaptado.

Un mal necesario y conveniente que nos permite acceder al Jardín Yu (o Yuyuan) ... con sus vericuetos, sus estanques y sus pabellones tradicionales.

Un resumen: Contraste sobre contraste, con acceso al contraste.






Jardín Yuyuan ...





















Shanghai ... otro Skyline: el Bund




Lo de las panorámicas es un problema.
Tomar las imágenes es un problema. Montar las imágenes es un problema. Mostrar las imágenes es un problema ¿Entonces?
Al menos, en Instagram (enlace a la panorámica total), con la posibilidad de pasar de una imagen a otra con el efecto de scroll se consigue recrear el efecto, pero, aun así, resultan difíciles de ver y de explorar. 





... y ahora de compras ...






Nang Jing Dong Lu (Nanjing Road) es una calle de compras, peatonal y extremadamente concurrida; colonizada por marcas occidentales, pero tocada por ese desorden bullicioso y colorista, gritón de día y chillón lumínico de noche.
Y vigilándolo todo, al fondo, en dirección oeste, la omnipresente silueta del edificio "Batman", humildemente rebautizado durante nuestra estancia para referirnos al Shimao International Plaza, con sus 333 metros de altura y sus dos "cuernos" ¿Quien necesita la "bat-señal" teniendo eso ahí?



 

Al llegar a la esquina con Fujian Middle Road, el panorama se abre momentáneamente y entra en escena la peculiar estampa nocturna del Radisson New World Hotel, supongo que el Robin de la película, con sus 208 metros de altura.



La noche iluminada de Shanghai está salpicada de edificios. Una buena iluminación arregla cualquier desaguisado arquitectónico (sigo pensando que la Oriental Pearl Tower es fea ... pero está muy bien iluminada). E iluminación, en Shanghai, no falta - ni en toda China, cuando quieren iluminar. Que callejones obscuros y olvidados los hay en todas las partes. Pero puestos a inyectar neon/led en la ecuación, China trasciende generosamente la barrera del buen gusto.




Li Jiang



El río Li es una vía de acceso privilegiada a un paisaje natural realmente extraordinario formado por una sucesión harmoniosa de montañas ondulantes, con pronunciados peñascos e infinidad de cuevas y grutas (como la que pudimos visitar, la cueva de las flautas de caña).

Pudimos navegar un tramo de casi 80km, desde Guilin a Yangshou, desde donde regresamos ya por carretera. Yangshou no deja de ser también una parada interesante. De hecho tiene pinta de haber sido un rincón encantador, aunque se le ve sucumbir al proceso alienante del turismo.

Esta zona del río Li merecería la pena ser explorada sin prisas. En mi caso: con tiempo y trípode. De hecho, es el lugar para captar la famosa pesca con cormorán (y no el remedo circense con el que me tuve que conformar en Guilin). Desde uno más de la interminable procesión de barcos (más de 40 barcos conté en el que convoy de aquella mañana), en pausada procesión por el río, resulta difícil apreciar toda la belleza de este paraje. Y, menos posible aún, tomar una imagen, ni siquiera destacable, tan solo representativa.
Al final: un paisaje que se transformaría con la baja velocidad y el atardecer, mal capturado en movimiento, desde una cubierta demasiado elevada.






El lago de Guilin







Justo frente a las pagodas del sol y de la luna arranca un paseo por el lago Shan Hu.
Y de nuevo, las luces. Siempre las luces, ... hasta la extenuación de las pupilas.
En mitad del recorrido por el lago hay una pequeña exhibición de la pesca con cormorán, una forma tradicional de pesca en la se emplean a estos pájaros para capturar los peces.
Todo chillón y estridente. Y bastante falso. Innecesariamente falso, añadiría, con las barcas de un verde neón luminiscente que abrasan el sensor de la cámara y deja al pescador en una penumbra de ISO escandaloso. El reto no es ya equilibrar este desajuste; el verdadero reto es evitar los reflejos en el agua y las luces de fondo que complican aún más la escena.






Al final, un reto imposible.
El consumo masivo de este tipo de experiencias es lo que depara: una escenografía, más o menos acertada, preparada para el consumo en hordas. Y aun hay que dar gracias por que el "pajarraco" fuera auténtico (y no un animatrón, que es como lo habrían resuelto Disney), y que pescara, y que llevara el cuello anidado para no engullir a la presa y que el pescador se la robase directamente del pescuezo. El problema es la escenografía.
Por tanto ... consuelo y paciencia de turista: el que quiera autenticidad, que viaje largo y ligero.





















miércoles, 8 de abril de 2020

Riyue Shuangta



Las pagodas del sol y la luna, en el lago de Shanhu, en el corazón de la ciudad de Guilin.
Allí, reflejadas sobre la superficie de las aguas del lago, las dos pagodas resultan como mínimo emotivas. La pagoda del sol es la que se ve de color dorado - de hecho, toda ella es de bronce; de plata luce la luna. El sol tiene 41 metros de altura y 9 plantas; 35 metros y 7 plantas, la adyacente luna. A la luz del día, el conjunto es bello y armonioso. Con la llegada del crepúsculo, conforme la iluminación gana protagonismo, resulta un espectáculo conmovedor. Algo desentonan los colores chillones de las luces que marcan la orilla del lago, pero, aun así, el protagonismo monolítico de las  dos pagodas y de su imagen reflejada cautiva e hipnotiza.











Guilin - Zhengyang



A diferencia de la impresión que nos quedó en Chengdu, Guilin parece tener muchísimo más que ofrecer. Seguramente tiene que ver con la actitud, implicación y vocación, de los guías locales. Y en Guilin tuvimos mucha suerte. A la espera de los platos fuertes de Guilin (sol y luna; y los mejores paisajes de China), el paseo por Zhengyang nos llevó por algunas zonas de buena comida callejera. Las ostras me resultaron especialmente gratificantes: bien cocinadas y con un aliño muy interesante. Todo lo demás, quizás no resultaba tan apetitoso para un escrupuloso gusto occidental. Aunque me tento, y lo hizo en numerosas ocasiones, no fui capaz de meterme un escorpión en la boca (y eso que esa pequeña bestia era de lo que más apetitoso me parecía).