
Nom Pen fue una ciudad que no llegamos a pisar. La organización no terminó de encajar y el tiempo tampoco ayudó. Lluvia intermitente, cielos pesados y una sensación constante de margen perdido. Nos quedamos en el hotel, sin más plan que observar desde arriba.
Y, sin embargo, algo apareció.
Desde la altura, la ciudad se desplegaba entre el Mekong y un cielo dramático. Barcazas lentas sobre el agua marrón, barrios densos apretados contra la orilla, y al fondo, torres aisladas que parecían surgir sin orden aparente. No era una visita, pero sí una primera lectura.


