domingo, 1 de marzo de 2026

Templos de la montaña Sam

 

La Montaña Sam no se impone por altura, se impone por densidad. Apenas 230 metros sobre el delta y, sin embargo, concentra templos, mausoleos, santuarios, mercados, devoción y negocio en un espacio mínimo.

Elefantes y leones custodian las escalinatas de los templos. No es un estilo “puro”: aquí se mezclan referencias jemer, vietnamitas y chinas sin complejos. La identidad del sur siempre ha sido híbrida. Esta zona fue camboyana (habrá que ir a Camboya 😉) antes de ser vietnamita; la memoria no desaparece, se reinterpreta.

En la calle contigua, el contraste es inmediato. Puestos de comida, farolillos rojos, zumos fluorescentes bajo luces LED, motos cruzándose a centímetros de los peatones. Peregrinación y economía informal son la misma escena. La espiritualidad mueve dinero y el dinero sostiene el santuario. No hay romanticismo en eso, hay estructura social.

El mausoleo de Thoại Ngọc Hầu aparece con su simetría limpia, dragones en el tejado y columnas con caracteres chinos. Fue un mandarín del siglo XIX que consolidó el control vietnamita sobre esta frontera con Camboya. La política siempre acompaña a la religión. Construir templos y tumbas monumentales era una forma de fijar territorio. La fe legitima, la arquitectura consolida.


Y en el centro de todo está el Templo de la Señora, el santuario de Bà Chúa Xứ. Desde fuera parece casi administrativo, funcional, pero al cruzar el umbral todo se vuelve oro, rojo y humo de incienso. La estatua —oscura, compacta, de rasgos antiguos que algunos atribuyen a origen jemer— está vestida con telas bordadas y joyas donadas por devotos. No es una diosa abstracta: es una figura a la que se le pide dinero, éxito, protección para el negocio familiar. Aquí la espiritualidad es pragmática. Se ofrecen frutas, flores y sobres con donaciones esperando una reciprocidad concreta. La fe no se esconde en lo etéreo; negocia con la vida diaria del delta.

Me interesa ese detalle. En un Estado oficialmente socialista y laico, el culto a Bà Chúa Xứ convoca millones de personas cada año. El poder político no lo combate; lo gestiona. Entiende que estas prácticas cohesionan comunidades y dinamizan economías regionales. Ideología y tradición conviven porque ambas son funcionales.

La Montaña Sam no es espectacular por paisaje. Lo es por superposición histórica: mundo jemer, expansión vietnamita, frontera con Camboya, guerra del siglo XX, economía de mercado contemporánea. Todo comprimido en una colina baja que, vista desde el delta plano, parece casi insignificante.














Chau Phong

 

En el patio de la mezquita, blanca con columnas verdes, cuatro hombres juegan al đá cầu, un bádminton de pies que parece coreografía improvisada. Uno golpea con la planta, otro responde con una media chilena casi perfecta. 

En un taller textil, decenas de mujeres cosen bajo luces fluorescentes. Montañas de tela marrón esperan su turno. No es la postal exótica que muchos buscan en Vietnam; es cadena de suministro. Producción local que probablemente acabará lejos, en mercados que jamás oirán el nombre de Chau Phong. La economía global descansa sobre mesas de madera y ventiladores que apenas mueven el aire.