Templo del Buda de Jade




El templo del Buda de Jade es una pausa estratégica en la guerra contra la incansable Shanghai. Un rincón, en cierto modo, inesperado, acostumbrados como estamos a que los templos de mayor empaque broten en zonas más "tradicionales". Pero ahí, en medio de la modernidad, una isla de budismo resulta una paradoja bien intencionada y llena de significados.

Al parecer, los orígenes del templo se remontan a finales del s.XIX, cuando éste se edifica para dar cobijo a dos estatuas de Buda talladas en jade (de ahí el original nombre del templo), que habían sido traídas desde Myanmar, la antigua Birmania. 

El templo, la parte visitable y accesible, resulta una intrincada secuencia de salones y patios, donde nos vamos encontrando con numerosas figuras de Buda; y en la que predomina una preciosista decoración con maderas obscuras y telas de un característico color rojo.




Estatuas de la Guardia del Templo 







La figura más destacada del centro es la de uno de los Budas de jade, el Buda sentado, de casi dos metros de altura, con ágatas y esmeraldas incrustadas. La figura se ubica en una sala relativamente aislada dentro del complejo. 
La otra figura de jade es la de un Buda recostado, de algo menos de un metro de largo; más pequeña que la del buda sentado. Aunque, para disfrute de los turistas, hay otro Buda recostado, de dimensiones más generosas (unos 4 metros) traído en 1989 desde Singapur.




Buda recostado en el Templo del Buda de Jade en Shanghai


















Uno de los aspectos más espectaculares de este templo budista son sus grandes salones. Una secuencia compleja y profusa de estancias que se abren al entramado de patios y jardines interiores y cuyo descubrimiento y exploración sigue deslumbrando. Si tuviera que destacar algo, me quedaría con el impresionante salón que acoge a los los tres Budas de Oro, que representan a “Gautama”, “Amitabha” y “Bhaisajyaguru”.



Los tres Budas de Oro