Senso-ji


Puerta de Hozomon :: Canon EOS5D MkIII | ISO100 | Canon 17-40@17mm @ 17mm | f/7.1 | 1/250s
Puerta de Hozomon
En Asakusa, tenemos el templo más antiguo de Tokio, el templo budista de Sensō-ji (金龍山浅草寺).
En el año 645 fue fundado el primer templo para la veneración del bodisatva Kannon, encontrada 20 años antes por unos pescadores. 
El templo resultó destruido durante los bombardeados de la Segunda Guerra Mundial. siendo posteriormente reconstruido como símbolo de resurgimiento del pueblo japonés.


La primera de las puertas del templo,  Kaminarimon, es una inmensa estructura de color rojo con un enorme farol de papel rojo, con los caracteres de kaminarimon escritos en negro, y sendas deidades (el viento y el trueno) a ambos lados de la puerta, guardando el acceso.

Puerta de Kaminarimon


Más adelante, después de una calle con pequeños negocios, llegamos a la puerta Hozomon (宝蔵門) - la que fuera la antigua puerta principal del templo.


Linterna en la puerta de Hozomon :: Canon EOS5D MkIII | ISO400 | Canon 24-105@28mm | f/9.0 | 1/100s
Linterna en la puerta de Hozomon
Panorámica de Hozomon :: Panorámica 6 x Canon EOS5D MkIII | ISO400 | Canon 17-40@17mm | f/6,3 | 1/25s
Panorámica de Hozomon

Cerca de las escaleras de acceso al salón principal, el salón Hondo, encontramos la zona de quema de barritas de incienso y el temizu-ya o zona de ablución (ver El humo purificador de Senso-ji).
El salón Hondo es Tesoro Nacional y guarda una réplica de Kannon.


Hondo :: Canon EOS5D MkIII | ISO100 | Canon 24-105@105mm | f/4.0 | 1/50s
Hondo
Hondo - beauty



En los aledaños del salón principal, dos osadas viajeras intentan adivinar su futuro a través de los omikuji: un papel en el que viene escrito (en perfecto japonés) la suerte que el futuro nos reserva. Para acceder a tan preciada información, primero se saca de una caja de madera un palillo que tiene escrito un código con el que se accede al papelito en cuestión.
Por supuesto, si la suerte que nos espera en el papel no nos complace, el papel se queda atado en unos alambres en las inmediaciones del templo, junto a otros omikuji que también desagradaron a sus receptores. Así dispuesto, los dioses se encargarán de que la mala suerte no nos atrape.