Estado de las cosas 2/3: velando las armas



Llámalo meditar, reflexionar, rezar ... o simplemente soñar: no nos pongamos estupendos.
Era un mediodía ardiente. La oficina resplandecía con la reverberación de la calle. Embotado por el calor, el coronel cerró los ojos involuntariamente y en seguida empezó a soñar con su mujer. La esposa de don Sabas entró de puntillas.
- No despierte, compadre - dijo -. Voy a cerrar las persianas porque esta oficina es un infierno.
El coronel la persiguió con una mirada completamente inconsciente. Ella habló en la penumbra cuando cerró la ventana.
- ¿Usted sueña con frecuencia?
- A veces - respondió el coronel, avergonzado de haber dormido -. Casi siempre sueño que me enredo en telarañas.
Ya sabemos a qué me refiero. A algunos nos gusta el ensueño como a otros - va por tí, MacArthur, el olor a napalm por la mañana. Inclinaciones del espíritu que terminan todas por igual.